Historia de Museros

Por habla de la historia y la personalidad de Museros, hay que hacer referencia a una descripción del libro Museros. Geografía, historia y patrimonio, de los escritores Abel Soler i Ramon Yago, que dice:

“La proximidad de la gran ciudad se ha hecho sentir en múltiples aspectos a lo largo de la historia, pero sin restar personalidad en el pueblo de Museros, que –por encima de los cambios económicos recientes– conserva con orgullo la imagen tradicional de un pueblo valenciano dedicado a la tierra. Las casas de labrador obradas de baldosa maciza, el carácter apacible y llano de la gente, los campos muy irrigados y plantados de naranjo, las ermitas y los cortijos encalados de cal, las sillas de *bova alrededor del hogar, y algunos carros que todavía circulan por los caminos, evocan –todo ello– un pasado eminentemente agrícola, que todavía es presente.”

Antes de la revolución neolítica, cuando el ser humano era todavía nómada -y muchos miles de años atrás-, el área de Museros y sus alrededores, eran muy diferente de cómo los conozcamos ahora. Una marjal acuosa, llena de charcos, cañares y mosquitos, se extendía por todo este territorio. La expansión demográfica, y la transformación del modo de subsistencia hacia la producción y el sedentarismo, propició el desarrollo de una agricultura rudimentaria basada en el cultivo del cereal. De finales de esta época, fecha el primer núcleo de habitantes del término de Museros, un poblado de agricultores y pastores, asentados a la umbría de una de las ‘muntanyetes de los Germanells’, hace ahora unos 5.000 años. Durante los siglos siguientes, el surgimiento de rutas de trashumancia, y posteriormente, el establecimiento de relaciones de intercambio entre las dos capitales comarcales, durante la época romana –València y Sagunto–, contribuyeron al desarrollo de varios asentamientos alrededor de las rutas comerciales y de comunicación. A mediados del siglo I a. C., durante la época de esplendor del Imperio Romano, se consolidó el sistema clásico de explotación agrícola basado en las conocidas villas romanas.

Después de varios siglos de crisis económicas y políticas, y cambios medioambientales, y gracias al prolongado esfuerzo de los agricultores musulmanes –que habitaron nuestro territorio durante cinco siglos–, dio como resultado el característico paisaje de huerta. Cereales, fruteros, hortalizas, forrajes y fibras textiles alcanzaban la ciudad de València. El principio descripción geográfica de la en torno a Museros fecha del año 1232, cuando Jaime I dio la alquería de Museros a los caballeros de la orden militar de San Jaime. El 8 de julio de 1235, los soldados de Jaime I tomaron la plaza de Museros. Y al 9 de octubre, los habitantes musulmanes de Museros, al igual que el resto de musulmanes, abandonaron pacíficamente estas tierras hacia el exilio.

A partir de este momento se inicia un reinado cristiano característico por la convivencia entre musulmanes y cristianos, entre colonizadores y aborígenes, y entre religiosos y civilizaciones distintas y confrontadas. Además de las múltiples crisis demográficas, que afectarían en la comarca desde el siglo XIV al XVII, causadas por las pestes, las guerras, la migración hacia la ciudad y la precariedad económica de los campesinos medievales. Una continuada fluctuación entre la inestabilidad social y la prosperidad económica.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, Museros experimentó un ritmo de expansión económica y demográfica sin precedentes. Cada vez eran más las tierras labradas, los secanos roturados, la mano de obra disponible y las cosechas obtenidas. A mediados de siglo se experimentó un boom demográfico que incrementó el número jóvenes parados y el de jornaleros de la huerta. El censos municipales de finales del siglo, nos permite entender la estructura socioeconómica de Museros como un pueblo dedicado totalmente a la agricultura, entre labradores y jornaleros. Entre los años 1700 y 1800, se llevó a cabo la transformación de la explotación agrícola, la cual pasó de una huerta extensiva de viñas y cereales de regadío -propia de los siglos XIII y XVII-, a un paisaje agrícola densificado en todos los aspectos -propio de los siglos XIX y XX-. Esta transformación llevó con ella la construcción de nuevas casas y barracas, una proliferación de la mano de obra y la intensiva producción de productos con salida comercial.

Los inicios del siglo XIX estuvieron marcados por el estancamiento del comercio marítimo, la invasión napoleónica (1808), la sequía, el hambre, la Guerra del Francés (1808-1813), el régimen absolutista de Fernando VII y más tarde el nuevo sistema liberal. La agricultura de exportación se configuró como el eje central de la nueva sociedad capitalista valenciana. A finales de siglo, las diferencias entre los ricos –una minoría-, y los jornaleros –la gran mayoría de la población-, se acentuaron. El siglo XIX finalizó con la Guerra de Cuba (1889), en la cual participaron y murieron muchos jóvenes de la comarca.

El año 1902 llegó al pueblo uno de los inventos más importantes del siglo XX: la luz eléctrica. También, supuso un avance, la implantación del trenecito eléctrico València-Rafelbunyol, que pasaba por Museros desde el el año 1903, y que sustituía el viejo tranvía de caballos. La politización de la sociedad local, y su división irreconciliable en dos bandos –la mayoría de izquierdas y la minoría de derechas – ocurrió en Museros en paralelo con el resto del estado, durante los escasos años que llevará la II República. Al mismo tiempo, el pueblo se enfrentaba a la crisis económica del cultivo de la naranja y la cebolla, motivada por las repercusiones internacionales del crac del 29.

Después de la Guerra Civil Española, la comarca de l’Horta Norte sufrió años de durísima represión, que se saldó con la vida de centenares de personas ejecutadas en Paterna, entre los años 1939 y 1942. El alcalde de Museros, durante los años del régimen franquista, ordenó pavimentar las calles y las plazas del centro, como solución a la crónica desocupación que sufrían muchos jornaleros del pueblo. Proyecto que había quedado aplazado a causa de la guerra. El año 1950 se construyó la casa consistorial, y cuatro años después, el proyecto de viviendas de protección oficial sobre el antiguo huerto de Chufa. Por aquella época era muy normal encontrar en las calles jugadores de pelota valenciana, y al famoso trío de Museros constituido por el Ferretero, Ruiz y el Xato.

Los años 60 supusieron un proceso acelerado de expansión demográfica y desarrollo económico, marcado por el asentamiento de industrias de capital foráneo y la llegada de castellanos como mano de obra, que cambiaría para siempre el aspecto de Museros. Para acoger a todos este recién llegados se urbanizó el antiguo Camino de Hondo, para convertirlo en una moderna avenida, ahora conocida como la avenida del País Valenciano. La industrialización del pueblo, el desarrollo de nuevos servicios y la reducción del número de trabajadores de la tierra, precedió la llegada de la sociedad de consumo y el estilo de vida norteamericano. Toda clase de automóviles convivían con los caballos, asnos, bueyes y mulos que residían a los corrales. La agricultura dejó de ser la fuente principal de ingresos y muchos jóvenes decidían probar suerte a las oficinas y fábricas de la ciudad.

La modernidad había llegado a Museros y con ella la televisión, la libertad de expresión, las reivindicaciones sociales y políticas, y la democracia.

Fuente: Libro Museros. Geografía, Historia y Patrimonio.